Es vender su alma al diablo. He vivido en una costera muy conocida y turística por sus festivales. Y no es ya la masificación, es que los que nacieron ahí se vuelven antipaticos, mezquinos y avariciosos.
Venía a ésto mismo. Aquí lo de fiarlo todo al turismo tiene toda la pinta de que no les va a salir como creen, pero pocos bichos hay más avariciosos que el empresario hostelero.
Año 2026, pueblito del Ampurdanet (25K habitantes), cerca de la costa, dos empleadas de la Ferretería echando YA (8 de agosto) pestes sobre los turistas (nosotros), por la avaricia de sus sitios habituales al duplicar el precio de sus consumiciones al vernos llegar
¿Cómo no va a haber turismofobia?